Proemio
He leído con singular emoción el texto de la conferencia pronunciada
por el doctor JORGE Góme z MANTELLINI en la Universidad
Metropolitana de Caracas,cuyas palabras se recogen en este volumen
“Discurso sobre la servidumbre voluntaria de Ètienne de La Böetie”.
El profesor Gómez Mantellini, en esa intervención se adentra en el
mundo de aquel singular filósofo francés Ètienne de La Böetie, compañero
de Montaigne, quien en su corta vida, 33 años, dejó una huella
imperecedera, especialmente con su ensayo “Discours de la servitude
volontaire o Contr’un”.
Pues, en el caleidoscopio colectivo Ètienne de La Böetie supo mirar
las cosas al revés: desde el presente hacia el pasado y desde el futuro
hacia el presente, en esos espejos del tiempo, de la memoria y de la
premonición que se comunican sus imágenes en la vastedad del mundo,
para expresar con claridad meridiana, con viril firmeza y con determinación
ciudadana el concepto de libertad: como posibilidad de
autodeterminación, como posibilidad de elección, como acto voluntario,
como espontaneidad ;como margen de indeterminación, como
ausencia de interferencia, como liberación ante algo, como realización
de una necesidad.
La misión del discurso de Gómez Mantellini sobre el ensayo”Discurso
sobre la servidumbre voluntaria”, es mantener vivo el servicio de una
trascendencia que rebasa el común ajetreo de los intereses circunstanciales
en cada situación histórica. Lo único que suele recordarse de esta
obra es su denuncia: la libertad como único valor humano trascendente.
La libertad la única justificación de la existencia humana
Esa denuncia es contra quienes en la reciente modernidad han puesto
sus dotes intelectuales y su capacidad expresiva a favor de movimientos
partidistas como los nacionalismos, los racismos, el fascismo
o el comunismo que han desembocado en dos guerras mundiales
acompañadas de persecuciones exterminadoras. En una palabra , de
los clercs que se han prostituido a poderes agresivamente terrenales.
No es difícil para una mentalidad liberal compartir esta repulsa.
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Por ello la lectura del discurso de Gómez Mantellini sobre el ensayo
de Èttiene de La Böetie, es para entender la Libertad como ratio vitae
y que Èttiene de La Böetie nos ha dejado un legado, que nos induce a
pensar y a repensar en sus planteamientos sobre la condición humana
y en el respeto y defensa de la libertad.
Finalmente considero que Gómez Mantellini explica con acuciosidad
La libertad, fuente nutricia de lo mejor que le ha pasado al hombre
y su anhelo más caro.
WALTER RODRIGUEZ/LIBRERO MAYOR
Librería Lectura/Chacaito
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Universidad Metropolitana
Centro de Estudios Latinoamericanos Arturo Uslar Pietri
Miércoles 24 de Octubre de 2007
hora: 12:00 am.
Señores:
Decano Rafael Arraiz, Profesor Jabloski y Profesoras Cecilia Vicentini
y Cecilia Martínez, distinguidos profesores y estudiantes
presentes: oyentes y participantes, invitados especiales, amigos y
amigas, público en general.
Me siento inmensamente satisfecho, mejor dicho orgulloso,
por la invitación del Rector Magnífico Moreno León y el Decano
Arraíz, amigos personales, a participar en esta jornada de reflexión
intelectual sobre el ensayo “DISCURSO SOBRE LA SERVIDUMBRE
VOLUNTARIA“ que vio la luz por primera vez en
el año 1576, habían transcurrido catorce años de la muerte de
su autor ETTIENE DE LA BOÉTIE, filósofo francés malogrado
tempranamente (1530-1563) y sale a la luz por iniciativa de ese
hombre singular Miguel Montaigne (1533-1592), su invariable y
consecuente amigo.
“El discurso sobre la servidumbre voluntaria o el contra uno”
es una corta requisitoria contra el absolutismo, sorprende por su
erudición y solidez de sus argumentos, ya que quién lo escribió
solo tenía, escasamente, 18 años de edad.
Al leer esta obra, Montaigne se identifica con el autor y entre
ellos nace una amistad que se mantiene hasta después de la
muerte de La Boétie.
El autor denuncia la tiranía de los príncipes e insiste en restaurar
la doctrina de la soberanía del pueblo.
En el texto, La Boétie plantea la cuestión de la legitimidad de
cualquier autoridad sobre el pueblo y analiza las razones de sumisión
(relación: dominación /servidumbre).
Diríase que de La Boétie se adelantó al tratado político “Teoría
del Contrato Social” del famoso ginebrino Juan Jacobo Rousseau,
publicado en 1762. Obra que tuvo grande influencia en las teorías
de la Revolución Francesa de 1793.
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Pero no nos desviemos y vayamos al asunto que nos interesa
del cual por vía de la mayéutica socrática, vamos a conversar de
La Boétie y de su ensayo sobre la Servidumbre Voluntaria, clave
fundamental para quienes entienden la libertad como razón de
vida.
Montaigne, como ya dije, creador del moderno ensayo, se expresó
así, del amigo ya desaparecido:
“De manera que, habiendo amado entrañablemente
a M. de La Boétie, el más grande hombre, a
mi juicio de nuestro siglo, creería faltar a mi deber
si a sabiendas dejáse desvanecer y perderse tan rico
nombre como el suyo y una memoria tan digna de
recomendación, y si no intentase con esto resucitarlo
ante la posteridad”.
¡Qué Hidalguía! ¡Qué Generosidad! ¡Qué Consecuencia!
Yo creo que murió en el momento justo La constitución de su
espíritu no le hubiera permitido sobrevivir a la perfección alcanzada.
Como todos los precoces.
Es un estudio que escasamente arriba a un ciento de páginas,
pero de una densidad y profundidad de conocimientos de carácter
moral, social y político extraordinarios y tan actual sobre
todo TAN ACTUAL, que reclama la atención del menos avisado
lector.
Diríase que el fin último de este ensayo es ilustrar la condición
del hombre sobre la tierra, testigo trashumante y transitorio en
marcha con su impersonal carga de eternidad y su permanente
sentido heideggeriano de la existencia.
Recordemos que ignorar los cimientos sobre los cuales a podido
levantar su edificio admirable el espíritu del hombre es permanecer
en cierto modo al margen de la vida.
¡Por eso estamos aquí!
El autor nos entrega una lección de grande altura moral, cívica
y republicana.
Debe leerse como un ejercicio de intrepidez espiritual, pues su
contenido está vivo y su capacidad formativa sobre el espíritu del
hombre de hoy es actual.
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De La Boétie representa el tipo de un espíritu maravillosamente
en contacto con su realidad ajeno al fatuo esencialismo y al
dogmatismo axiológico, y porque su temperamento singular vive
en intenso acuerdo con los movimientos dramáticos de su época,
que le permiten a su inteligencia flexible, penetrante y multiforme
entregar este impar estudio.
Debemos entender que de La Boétie representa un modelo
para los intelectuales políticos de la hoy pero también es un aviso.
En razón de su sentido de la libertad y el respeto por la
dignidad del hombre
Lo esencial de su pensamiento es su disposición permanente a
los cambios, su alerta frente al acomodo y su capacidad de rechazo
a cualquier conducta que atente contra la libertad.
Recordemos:
La proximidad al poder no es nunca inocua, ni la quietud contemplativa
queda perfectamente impune.
Trataremos de conducir de manera plenamente válida el examen
crítico del pensamiento boetiano pues el tiende a situar el
absoluto del ser en lo concreto de la existencia. Tenemos que examinar
el vínculo entre la idea de sujeto y la idea de libertad; son
necesarias también las nociones de autonomía y dependencia.
Diríase, que este es un libro de buena fe.
Esta profunda investigación, pretende ahondar las razones que
mueven al ser humano a practicar una servidumbre voluntaria
Dentro de un estilo sobrio y denso, tono concreto y directo,
composición estricta, y, detrás de una narración nítida, presencia
discreta pero siempre presentida de un filósofo de mirada dura,
que juzga.
A veces se burla, capta y mantiene nuestra atención.
Difícil clasificar a de La Boétie: moralista, cínico, perspicaz,
amargo; pero hábil para encerrar en definiciones la miseria del
hombre. Por otra parte: desprecio por la anécdota y el detalle inútil.
El anota:
“ ¿Cómo es posible que tantos hombres, tantas villas,
tantas ciudades… aguanten a veces a un tirano solo,
que no tiene más poder que el que le dan, que no tiene
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capacidad de aguantarlos, sino en cuanto ellos tienen
capacidad de aguantarlo, que no podría hacerles mal
alguno sino en cuanto ellos prefieran tolerarlo a contradecirlo?
Gran cosa es, por cierto, y sin embargo tan
común que es preciso dolerse de ella más que sorprenderse,
ver a un millón de millares de hombres servir
miserablemente, teniendo el cuello bajo el yugo, no
obligados por una fuerza mayor, sino de alguna manera,
tal parece, encantados y hechizados por el nombre
de uno solo…” página Nº 34.
Más adelante en la Página Nº 40 destaca:
“¿Qué? Si para tener libertad no hace falta más que
desearla, si no se necesita más que un simple querer,
¿Se hallará en el mundo una nación que la considere
todavía demasiado cara, cuando la puede lograr
con un solo deseo, que se niegue a querer recobrar
un bien que debería rescatar al precio de su sangre y
cuya pérdida hace que todo hombre de honor considere
desagradable la vida y la muerte deseable?”
Y en la página siguiente Nº 41.
“...La virtud de intentarlo les es quitada por su cobardía…
la libertad un bien tan grande y deseable que,
una vez perdida, todos los males sobrevienen…”
El autor penetra decididamente en este tema e indaga en profundidad
las conexiones y connotaciones. Las palabras se apoyan
mutuamente y adquieren vida, sentido, transcendencia dentro de
una armonía del corpus donde la convivencia entre sus elementos
queda asegurada.
El texto está destinado a demostrar que todas las palabras, frases
y conceptos que emplea el autor tienen un contenido
de profunda verdad no hay invento ni fantasía alguna. Todo
tiene una explicación, un origen histórico, o una razón.
Tal vez quiere explicar la metáfora de la condición humana o
su inquietud existencial.
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Tal es su esfuerzo y su frágil grandeza, porque merced a la desesperación
se atreve a pedir razones, obsesionado en la búsqueda
azarosa de su yo en conflicto con el mundo entorno.
Su misión será la de poner de manifiesto que es necesario ir
más allá del hombre y del mundo, si se aspira a lograr un fundamento
sólido para la realidad.
Nos preguntamos:
¿Cobardía? ¿Terror? ¿Miedo a que?
¿Es fácil comprender esta visión de la condición humana? Entonces
nos preguntamos:
¿Qué hacer?
Sentirse “de más”, en un mundo sin razón y sin finalidad ¿Qué
hay más deprimente?
No cabe duda de que para delimitar dentro del panorama de la
vida, tal situación, tan constantemente repulsiva es preciso mirar
con ojos que abstraigan el horror.
Lo que importa en este análisis, es esta angustia
¿Cuál es su valor?
Diríamos que vale cuando surge una toma de conciencia leal y
clara de nuestra condición de hombre, en la medida que asume
lúcidamente y de buena fe la angustia de su condición de hombre
libre, dueño de sus actos, ajeno de halagadoras ilusiones o de abstracciones
protectoras.
Simón Bolívar ante el Congreso de Angostura 15-02-1819 anotó:
“Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo
tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se
acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo:
de donde se originan usurpación y tiranía…”
Y nos preguntamos ¿y no es mala fe el imaginar una naturaleza
humana privilegiada en dignidad, colocado encima de todo, para
administrar una regla de conducta a los hombres y dar un sentido
a su destino?
De La Boétie, con extraña agudeza, esclarece el rostro paradójico
de la realidad.
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Recordemos:
UNO
Que el hombre es libre, absolutamente libre, y si no lo
es, es que no quiere serlo. Este es el leit motiv del pensamiento
de La Boétie, Montaigne, Descartes, Rousseau,
Sartre, Camus, Heidegger, etc.
DOS
El hombre no tiene más que su libertad y la angustia
de su libertad y sin reglas en el espacio infinito de los
posibles, en donde su elección no depende más que de
él, y en donde su ser depende de su elección.
TRES
La libertad del hombre es absoluta, el hombre no sólo
elige sus actos, sino también inventa los valores que lo
justifican.
Y esta libertad, que no solamente es libre arbitrio sino autonomía
y poder de actuar; es el fundamento del ser.
Debemos entender a la libertad como único valor humano
trascendente; entonces si la libertad es la única justificación de
la existencia humana, se deduce que un acto que atenta contra la
libertad, incluso SI es realizado libremente, es inaceptable.
Esforcémonos en captar en su esencia esta concepción.
No se podría negar la grandeza de esta concepción moral. Ni la
intensidad trágica del sentimiento de libertad.
Debemos invitar al hombre a jugarse el todo por el todo por
la libertad. ¿Habría alguien que quisiera reprocharle tal actitud?
Se trata de escalar los caminos de la libertad: ásperos, resbaladizos,
bordeados de abismos pero esa es la contingencia del destino
del hombre, pues la libertad, después de la vida es el valor
supremo, inmanente.
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Este poder de superar la contingencia de su destino, dándole
un sentido, de proyectarse en el futuro, de recrearse el mismo y
de recrear el mundo de acuerdo con una idea de ese espíritu es
su privilegio.
¡El hombre es dueño de su destino!
No podemos aceptar la teoría de los autómatas desarrollada
por Von Neumann.
Juan Pablo II anotó ¡No tengáis miedo!
Entonces digamos como Píndaro
“Oh mi alma, no aspires a la vida inmortal, pero agota el campo
de lo posible”
Y esto no es una quimera.
Dicen que la quimera la mató Belerofonte, el nieto de Sísifo, lo
que es tanto como sugerir que a la extrema utopía la liquidó el heredero
de quien ha encarnado siempre el símbolo del absurdo.
Y sin embargo, por encima de las más aviesas mitologías, la quimera
sigue viva en el lenguaje de los hombres y en la acrobacia
mental de la imaginación más altiva: el principio de libertad.
Cabe citar que:
Júpiter había advertido a Orestes que con abrir los ojos del
pueblo de Argos, no le aportaría la felicidad,
“Pobres gentes vas a hacerles regalo de la soledad y
la vergüenza, vas a arrancar las vestiduras con que
los había cubierto y les mostraras repentinamente su
existencia, que les está dada para nada”
Pero Orestes responde altaneramente que no tiene derecho a
negarles la desesperación, “puesto que es su suerte, son libres, y la
vida humana comienza al otro lado de la desesperación”
El diálogo, sin embargo, está marcado por una pretensión única
e insoslayable, con un valor del más alto rango: la libertad.
Por ello en este imperio del azar y del infortunio nuestro único
patrimonio es la libertad, no aspirar a ser ni un héroe ni un santo,
simplemente cumplir con su deber generacional: la conquista del
sentimiento de la libertad, y la afirmación de sí como ser responsable
de su destino, debemos luchar por ello con ímpetu quijotesco
y espíritu cartesiano.
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En este sentido la universidad tiene una misión y una función
trans-seculares, que a través del presente, van del pasado hacia el
futuro: tiene una misión superior. En suma, se trata de avanzar en
el conocimiento. Dispone de una autonomía que le permite llevar
a cabo esta misión. Como decía de manera excelente Durkheim,
El objeto de la educación no es dar al alumno cada vez
mayor cantidad de conocimiento, sino constituir en él
un estado interior y profundo, una especie de polaridad
del alma que lo oriente en un sentido definido no
sólo durante la infancia sino para la vida.
Ahora bien: La universidad conserva, memoriza, integra, ritualiza
una herencia cultural de saberes, ideas, valores; la regenera
al volver a examinar al actualizarla al transmitirla: genera,
repetimos, saber, ideas y valores que entonces, van a entrar dentro
de la herencia.
Esto significa que aprender a vivir necesita no solo de conocimiento
sino de la transformación, en el propio estado mental del
conocimiento, adquirido en sapiencia y la incorporación de esta
sapiencia a la vida.
Para concluir quiero destacar tres pensamientos:
El filósofo sofista Protágoras creador de la Homomensura expresó;
“El hombre es medida de todas las cosas”.
El existencialista Martín Heidegger destacó: el hombre es un
ser prometido a la muerte”.
Y Séneca, preceptor de Nerón, quien antes de morir le expresó:
“Emperador usted podrá matar a todos los hombres que quiera,
pero jamás matará a quien le va a suceder”
Y para todo esto es fundamental la libertad como ratio vitae.
Recordemos:
El hombre actual está necesitado de reconquistar una estructura
última cognitiva y normativa que otorgue orientación y sentido
a su vida.
Por ello Ettiene de la Bótie, nos ha dejado un legado que hoy en
esta charla, nos induce a pensar y a repensar sus planteamientos;
a renovar la vocación reflexiva sobre la condición humana, orien15
tada a multiplicar las voces de un dialogo cada vez más urgente
y necesario.
A partir de este momento podría desembocar en una toma de
conciencia: en una etapa de reflexión y crítica que, es de esperar,
prolongue el ánimo de tolerancia, respeto y defensa de la libertad.
Por lo tanto nuestra juventud confía en sus preceptores para
que le entreguen un futuro lleno de mañanas, sueños y de esperanzas.
¡No los podemos defraudar!
Muchas gracias.
DISCURSO
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